Me consumí tantas noches,
ardí en el intento.
Me robabas mis días
y te rompí tantos sueños.
Me deshice en tus labios,
supliqué por tus besos.
Me secaste las venas
y te mojé con mis juegos.
Me olvidé de mis ojos,
vomité en el infierno.
Me castraste las ganas
y te rogué tantos versos.
Que ahora muero, cuando matas
y te olvido, cuando callas
y en la espera, sin esperanza
no hay buena obediencia que valga.
Y este corazón que ya no late
si no hay estímulo que lo llame
te recuerda que en la calle
hay buenos sitios donde enterrarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario