domingo, 11 de marzo de 2012

Confesión acérrima

Me consumí tantas noches,
ardí en el intento.
Me robabas mis días
y te rompí tantos sueños.

Me deshice en tus labios,
supliqué por tus besos.
Me secaste las venas
y te mojé con mis juegos.

Me olvidé de mis ojos,
vomité en el infierno.
Me castraste las ganas
y te rogué tantos versos.

Que ahora muero, cuando matas
y te olvido, cuando callas
y en la espera, sin esperanza
no hay buena obediencia que valga.
Y este corazón que ya no late
si no hay estímulo que lo llame
te recuerda que en la calle
hay buenos sitios donde enterrarte.

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