Ella dijo: destino. Yo: casualidad. No importa cuál fuera, en realidad. La clave está en que ahora te tengo entre mis piernas, como si fueras una extensión (más) de mis manos. Mis dedos te recorren, te acarician. Trascienden tus orificios. Descubren. Hurgan. Como buscando las notas que serán sonido, que serán una parte más de mí que trascenderá la barrera de mi cuerpo para llegar a vos. Seremos arte y partícula invisible en el viento. Seremos sonrisa. Seremos melancolía. Seremos soledad acompañada. Fotografía.
Si pudiera saber, al menos, dónde estuviste antes. Cuántas calles recorriste. Cuántas manos te desearon. Cuántas bocas te rozaron. Tal vez así entendería porqué me buscaste. Porqué esta noche fría estás en mi cama, provocándome.
Hiciste demasiado ruido cuando llegamos, y despertaste a mi vieja. Tuve que explicarle que te dejaron en mis manos por 25 promesas de un viaje a alguna casa, a donde ya no querías volver, y convencerla de que hasta mañana no hablaríamos más del tema. Cerró la puerta de mi pieza y nos volvieron a dejar a solas, por segunda vez. Y yo te miré largo rato. Sentí una felicidad plena, sentí un cambio abrupto en mí. Como cuando de repente, en el viaje de la vida, tomás el camino equivocado y el azar te lleva igual al destino. Ella dijo destino, yo casualidad. No importa cuál fuera, la realidad. Mientras sea ésta.
Te toqué una y otra vez, pero ya no te quejaste, y la mañana comenzaba a clarear.
No era apropiado que durmieras en mi cama. No se de dónde viniste. No era ese tu lugar. Así que busqué un sitio cómodo para vos. Para que te vayas adaptando a tu nueva casa. Para que me respires por la madrugada -mientras yo intento descansar- y comencemos a fusionarnos.
Costó relajarme. Te miré una y otra vez, y otra y una y nuevamente otra vez. No vaya a ser que tan sólo te haya deseado. No vaya a ser que la realidad haya estado siempre confundida, siempre equivocada. Que las 25 promesas de viaje hayan sido para mí, para este sueño. Y no para nuestra armónica vida.
Ella dijo destino, yo…felicidad.
domingo, 15 de junio de 2008
viernes, 13 de junio de 2008
Tenés los ojos tristes
Me dijo: tenés los ojos tristes. Mientras con sus manos acariciaba mi rostro y a mi se me partía el alma en mil pedacitos.
Tenés los ojos tristes. Mientras las lágrimas se agarraban con fuerza de mis pestañas para no caer. Pero la pendiente se volvió inaguantable y comenzaron a deslizarse por mis mejillas, mientras vos las seguías con tus ojos y las besabas, las lamías, las desaparecías…como si con eso pudieras borrar de un plumazo la tristeza.
Tenés los ojos tristes y una angustia en el pecho que ya te sobrepasa, nena.
Y como si fuera cierto que los ojos son la puerta del alma pude ver a través de tu coraza y saber que te duele, que te jode la vida, que te abruma un poco la existencia equivocada. Y lo más triste: que no sabés cómo huir. Y yo no puedo ayudarte.
Esta vez no busqué tu boca. Refugié mi rostro en tu pecho y te abracé muy fuerte. Y sentí como el corazón también se te estallaba en mil pedazos. Pero vos no querés estar conmigo y a mi esta existencia ya me desarma, me hace bajar la defensa y recibir los puños con ganas, hasta provocando al dolor.
Tenés los ojos tristes…hermosos pero tristes, pendeja.
Tenés los ojos tristes. Mientras las lágrimas se agarraban con fuerza de mis pestañas para no caer. Pero la pendiente se volvió inaguantable y comenzaron a deslizarse por mis mejillas, mientras vos las seguías con tus ojos y las besabas, las lamías, las desaparecías…como si con eso pudieras borrar de un plumazo la tristeza.
Tenés los ojos tristes y una angustia en el pecho que ya te sobrepasa, nena.
Y como si fuera cierto que los ojos son la puerta del alma pude ver a través de tu coraza y saber que te duele, que te jode la vida, que te abruma un poco la existencia equivocada. Y lo más triste: que no sabés cómo huir. Y yo no puedo ayudarte.
Esta vez no busqué tu boca. Refugié mi rostro en tu pecho y te abracé muy fuerte. Y sentí como el corazón también se te estallaba en mil pedazos. Pero vos no querés estar conmigo y a mi esta existencia ya me desarma, me hace bajar la defensa y recibir los puños con ganas, hasta provocando al dolor.
Tenés los ojos tristes…hermosos pero tristes, pendeja.
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