domingo, 9 de diciembre de 2007

Reflexionandome, quién sabe cuando


Cuanto tiempo tenés, ya, acariciando el vacío?
Cuántas miradas perdidas, mientras caminas por la calle, sin siquiera tener registro de los lugares pisados?
Cuántos sonidos enmudecen en tu garganta, sin llegar a constituirse en la palabra precisa, ante esos ojos que la esperaban conteniendo el derrape de las lágrimas?

Por naturaleza, el hombre marcha por la vida buscando aquello que le da felicidad. Y aun asi, cuánto miedo da encontrarla. Cuántas veces se echa uno atrás al hallar lo buscado.

Tantas cosas por resolver y tan pocas ganas de empezar. Dónde reside mi voluntad cuando me autoconvenzo de que no puedo realizar algo? Hacia dónde se escabulle mi intelecto cuando el “no pude” – con cara derrotada- domina la batalla lingüística y me mirás, con sonrisa burlona, haciéndome dar cuenta del error?
No puedo. Repito agotada. No puedo dejarte yo. A pesar de ser quien sale lastimada en esta relación.
No puedo. Y me aprieto contra tu pecho, girando lentamente la cabeza hacia arriba, buscando tramposamente tu boca. Y vuelvo a quedar al descubierto. Y vuelvo a descomprimir las ganas y a dejar que un río de deseo se abra en mí.
No puedo. Y mientras me alejas con tus manos, que tantas veces me supieron acariciar, hasta me siento idiota por tanta exposición. Y me sonrojo. Y me desespero. Quiero besarte. Y en ese instante no evalúo las consecuencias. Mañana me van a quemar tus besos, pero hoy lo que queman son las ganas.
No puedo. Y me paralizo. Y no puedo reaccionar. Solamente maldigo el momento, y las palabras que te dije, que ahora vos utilizas para hacerme entrar en razón. Y sin embargo…No puedo. Y tus besos confundidos llegan a mí. Erizándome la piel, revolucionando mis latidos y mi respiración. Y reflota la esperanza de que vos también te dejes llevar por el momento, y dejes de pensar en el dolor que me estas causando. Si yo quiero! Y empiezo a hurgar en vos, y también latís distinto, también tus ojos expresan deseo, también se agitan tus instintos. Pero vos no querés. O sí. Pero entendés que no debés.
No puedo. Y poco me importa que quieras cuidarme en este momento. Poco. Poquito, como decís vos. Si todo fuera un poco más fácil! Si Cupido acertara, de una maldita vez, con el flechazo compartido, directo a dos corazones solitarios. Uno a mí. El otro a alguno como vos.
No puedo. Y voy entendiendo que no vas a ceder. Y me invade una leve ira. Y quiero correr. Escapar. A donde no haya más dolor. Al antes de esa primera ficha que movimos acercándonos. A bajar de tu auto sin ese primer beso que tanto me lleno la boca y que hoy me deja tan confundida…sin pensar en el hoy. Tan egoístamente.
No puedo. Y solamente atino a reírme de mi misma, entre las lágrimas que escribo. A sufrir este presente preavisado. A chocar, finalmente, contra la pared que desde un principio supe que iba a encontrar. Porque esto no es la novela de la tarde. Porque esta realidad no tiene un final felíz. O por lo menos no a tu lado. No en esta vida, mi amor.
En vano sería empezar a prometerme no volver a cometer este error.

1 comentario:

¿¿?? dijo...

Estimada Colega, he leido con atencion estas escrituras, y debo confesar que me han llegado a conmover, la felicito mucho!! La quiero y ahora, ademas, la admiro!! Julio