jueves, 1 de noviembre de 2007

Paradojicamente, la primera vez que recuerdo haber jugado a la "Rayuela" fue en una calle que bien podría llamarse "Calle Melancolía". Aráoz 234. Pintoresca escuela estatal de barrio, con su fachada bien cuidada, la bandera izada en el mástil del frente, la cartelera de novedades, las ventanas de 1º y 2º grado que daban a la calle, en planta baja, y lo propio con las de 6º y 7º grado, en el primer piso, por donde en más de una oportunidad han salido volando objetos de todo tipo.
Viví, durante el período escolar, a la vuelta de la escuela. Y, como era de esperar, casi diariamente llegaba tarde...cuando la puerta de calle ya se encontraba cerrada y debía aguardar esos 5 interminables minutos que duraban el izamiento de la bandera de adentro, el cantito del "Aurora" y la desconcentración a las aulas, en ordenadas filas, en el patíbulo. Y después el deslizamiento sagaz, bien medido, estudiado, a la fila de mi grado para evitar que alguna de las maestras comentara, al aire, qué raro los Pollarsky otra vez tarde! (Aclaración: ibamos en patota y hasta los altos grados, acompañados por mamá) Y ahí pasabamos 4, 3, 2 de nosotros sonrojados, asumiendo la derrota. Pero bueno, no era tan insufrible (sino hubiesemos aprendido a levantarnos a horario y a llegar temprano).
Tina o Marta tocaban la campana del recreo largo, porque timbre recién tuve los últimos años, y los patios eran una fiesta. El delantero- descubierto- para los grados mas pequeños, salvo los días de lluvia en los cuáles debíamos amucharnos, como podíamos, en el cubierto. El de atrás, el techado, para los mayores. Algunos intercambiaban figuritas, otros jugaban al yo-yó (ay! el Branco luminoso...afortunado quien podía ir a los kioscos cuando se armaban las clases magistrales y volver, al otro día al recreo, manejando nuevos trucos!!!), algunos se pegaban, otros correteaban, las nenas jugaban esos histéricos juegos de manos de coordinación de golpeteos, palmadas, tocadas a los talones y demases que rara vez lograba memorizar, encima cantados!!! Yo prefería correr por el patio, jugar a la farolera, esconderme debajo de las gradas, saltar la soga, hundir mi nariz en un libro en la biblioteca o jugar a la rayuela.

El lugar estratégico para jugar a la rayuela, era en la puerta del aula de jardín. Entrando a la escuela, a la izquierda. No pregunten porqué. Pero era así. Quizás porque ahí daba la sombra. O porque era, también, cercano al aula de 1º grado y ahí fue cuando comencé a jugarlo. Las cuadraditas baldozas grises ayudaban a delimitar los espacios.
CIELO
9
7 8
6
5
4
2 3
1
TIERRA

Con alguna tiza sacada, agilmente antes de salir del aula, hacíamos el diagrama. Y después esa era la misma que utilizábamos para hacerle puntería al número en el que tenía que caer. De ahí en adelante, saltos, agachadas, algun griterío cuando las contrincantes y/o espectadoras consideraban que alguna había pisado fuera del cuadrado, o que había apoyado el otro pie- que debía mantenerse siempre sin tocar el piso para no perder- en el suelo. A veces no se necesitaba del moderno telebin para dejarlo en evidencia: la marca de la pizada quedaba estampada entre el polvo de la tiza y el suelo. Y si la "tramposa" se negaba a aceptarlo, bastaba con hacerle levantar el pie y mirar los restos de tiza delatores en la suela de la zapatilla para expulsarla del juego.
Así transcurrieron varios de mis recreos. Muchas veces dedicándole miradas suplicantes a la encargada de la campana para que alargase un poquito más el recreo para que alguna lograse llegar al cielo. Sino, dudosamente la rayuela duraría dibujada en el piso otra hora más, y nosotras tampoco nos acordaríamos las posiciones de cada una en el ranking (palabra ésta que no se usaba por aquellos momentos...)

Indudable y casi biblicamente, si lo pensamos hoy, la gloria estaba en el cielo.
Quién sabe si en realidad sea así. Pero la que llegaba al cielo primero, ganaba. Hoy en día, con 26 años, prefiero tardar más en arribar. La tierra me guarda, aun, varias sorpresas.

1 comentario:

Agatha Blue* dijo...

Para ser un primer artículo... no está nada mal.

Yo también he jugado a la rayuela... aunque la útlima vez que lo hice ví que mis sobrinas me miraban con las cejas arqueadas y sospeché que había perdido mis dotes para este juego.

Un saludo, me gustó tu Blog.